Aussie Miracle Light Champú

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¡Hola! Hoy os vengo a hablar de un champú que he probado (y terminado). Es de Aussie, el Miracle Light Champú. Está pensado para equilibrar raíces grasas y puntas secas, lo cual realmente es un problema en mi cabello. Hay que decir que los champús de esta firma son un poco caros, pero creo que en esta ocasión el precio se justifica.

Utiliza lúpulo australiano, que normalmente se usa para hacer cerveza. Y ya sabemos las propiedades que tiene la cerveza para el cabello. Probándolo, el packaging no está mal, tiene cierto encanto. No tiene un olor muy fuerte (de hecho, no tiene ningún olor específico que sea capaz de descifrar) y hace bastante espuma. Si estáis buscando un champú natural (sin siliconas, parabenos o sulfatos), no creo que este os convenza demasiado.

Eso sí, lo que me ha encantado es la sensación de limpieza que aporta. El pelo queda brillante, muy suelto y con muy muy poco peso. Si tenéis problemas de encrespamiento, no os recomiendo este champú. Pero si realmente tenéis las raíces un poco grasas y el pelo lacio, os va a encantar. El cabello no pesa y queda con mucho movimiento. Yo además, no lo combino con el acondicionador sino que uso keratina líquida para desenredar.

Eso sí, la parte negativa es que no he notado que mi pelo dure más tiempo limpio. Cada dos días, debo lavármelo, y el segundo día noto suciedad en las raíces. Por tanto, no cumple al 100% lo que esperaría de un producto como éste. Además, pese a que promete hidratar las puntas, no noto demasiada hidratación. Eso supongo que es normal, no es específico para reparación de puntas, pero creo que ahora mismo lo necesito (las tengo un poco desgastadas). He estado equilibrándolo con un aceite de aguacate del que ya os hablaré.

Conclusión: 

Packaging: 4/5

Limpieza: 5/5

Duración: 3/5

Olor: 2/5

Hidratación: 2/5

Repetiré: Es posible, pero de momento voy a probar otro de Aussie que me dé más hidratación.

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Obsesión por los labiales nude (en versión low cost)

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Hacía muuucho tiempo que no me pasaba por aquí, pero me ha apetecido volver con una entrada que llevaba tiempo queriendo hacer. Yo soy una obsesa de lo nude. En paletas me gustan los mate naturales (soy una gran fan de la Naked 2 de Urban Decay), y me gustan los looks muy naturales para el día a día. De noche tiro más a los rojos, pero eso ya es otra entrada.

Tengo algún labial carete, no os voy a engañar (y ya haré review un día de estos), pero lo cierto es que para el día a día los que más me gusta usar son muy asequibles, por lo que he pensado que se merecían una entrada como es debido.

Lo primero de todo quiero aclarar que mi subtono de piel es cálido aunque soy bastante blanquita, y es un jaleo para maquillar así, pero veréis que tiendo a colores claritos pero siempre un poco amarronados o anaranjados. Los rosas, en general, me quedan mal. Así que si veis que todos los colores que uso son muy parecidos y tal (que lo son, aunque en foto siempre todo se ve peor), pues es porque soy un poco monocromática! 🙂

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Perdonar(se)

Hoy he estado pensando en la importancia de perdonarse a sí mismo. Lo sé, este parece el comienzo de un libro de autoayuda, pero no es en absoluto mi intención, y lo cierto es que el pensamiento ha pasado por mi cabeza para asentarse después de que muchos la hubieran introducido en mí con su filosofía de best-seller sin que realmente me parase a pensar en ello. Hasta ahora.

Es difícil perdonar(se). Muchísimo. Ya es difícil de por sí perdonar a los demás cuando sentimos que nos ofenden, pero el ser humano tiene una bonita tendencia a olvidar ciertas cosas cuando poco a poco nos van demostrando otras facetas que nos gustan más. Cuesta, pero si ya es un esfuerzo ser indulgentes con los demás, más aún lo es serlo cuando hacemos algo de lo que nos arrepentimos.

En lo que a nosotros respecta, somos rencorosos. Repetimos constantemente en nuestra cabeza aquellos errores que cometimos, e incluso me atrevería a decir que establecemos prejuicios. Sí, sé lo absurdo que suena. Un prejuicio, a fin de cuentas, es una imagen preconcebida que tenemos de alguien a quien no conocemos, ¿no? Pero, ¿no hacemos eso con nosotros de vez en cuando?

Soy tímida, soy demasiado testaruda, me cuesta hacer amigos, no he tenido suerte con mis parejas… esas concepciones generalizadas son un lastre que nos impide llegar a conocernos de verdad, y que nos inhibe de reinventarnos. ¿Por qué tengo que ser tímida? ¿Porque lo he sido todo este tiempo? ¿Qué hay de si decido no serlo a partir de hoy?

El primer paso para el cambio es liberarnos de todos esos prejuicios que tenemos sobre nosotros mismos. Todos hemos metido la pata, (y si algún lector en este punto niega con la cabeza, le invito a hacer memoria de sus actuaciones de una manera crítica). Todos tenemos episodios y actuaciones que borraríamos de buena gana si tuviéramos una máquina del tiempo. Y eso, precisamente esa lectura de los hechos y ese deseo de cambiarlo, responde a nuestra verdadera esencia.

Hoy he comprendido que nunca es tarde para mirarse al espejo, como cuando nos presentamos por primera vez con una persona a la que no conocemos. Mirarnos fijamente y observar nuestras actuaciones, conocernos otra vez y actuar como queremos actuar; no condicionados por cómo creemos saber que vamos a actuar. Nunca es tarde para hacer borrón y cuenta nueva, decidir quiénes queremos ser. Nuestros errores nos deberían servir para saber cómo no debemos actuar, y no como una etiqueta indeleble en nuestra frente que nos impida hacer nada al respecto.

El deseo de cambiar ya es un distintivo del comienzo del cambio. Ya hemos pedido perdón; sólo queda perdonarse.

Aceite de almendras dulces para puntas abiertas

Hoy un post muuuy cortito para compartir mi truco para las puntas abiertas. El aceite de almendras dulces. Yo tengo el del Mercadona, como veis, pero los hay de muchas clases.

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¿Cómo utilizar? He leído muchas cosas en blogs, pero lo que mejor me funciona es echarme un poquitín en la mano 15 minutos antes de ducharme, y hacer un masajito a las puntas del pelo. Lo dejo actuar esos 15 minutos (¡cuidado con la ropa, que es aceite!) y después, al ducharme, lo limpio a conciencia con el champú.

¿Engrasa? ¡Nada! Pensad que solo lo tienes un cuartito de hora y que después lo eliminas.

¿Funciona? ¡Sí! Eso sí, no esperéis milagros. Es un tratamiento a largo plazo, que protege las puntas y las hidrata. Si tenéis mechas californianas estaréis especialmente desesperadas con este problema, y yo las mantengo bastante bien gracias a esto. Eso sí, si ya las tenéis abiertas, rotas y hechas polvo… creo que no hay más solución que cortar, para sanear un poco.

¿Lo habéis probado? ¡Animaos!

Besitos,

J.

Mascarilla purificante de arcilla verde, tomillo y manzanilla! (Piel mixta/grasa)

Buenos días! ¿Qué tal va el comienzo de mes?

Yo acabo de volver de unas vacaciones geniales en la playita, y ahora estamos en proceso vuelta al cole a la rutina y entre ellas, por supuesto… ¡rutina facial!

Esta mascarilla es (para mí) el mejor truco del mundo para mantener mi piel a ralla de granitos, imperfecciones y esos brillitos tan molestos. He prescindido de ella todo el verano porque es un poco fuerte para la piel, y creo que con el sol ya ha tenido bastante la pobre. Pero ahora vuelvo y no he querido esperar para enseñárosla. A lo mejor lo habéis visto ya en algunos blogs, porque es bastante popular. Pero por si acaso, ¡os muestro mi versión!

INGREDIENTES:

  • Arcilla verde: yo la compro en Santiveri, pero en cualquier herbolario deberíais encontrarla. Es muuuy baratita, porque cunde muchísimo. Creo que me costó como unos 3 euros, y me queda prácticamente entera.
  • Infusión de tomillo, por su acción antiséptica y tónica. ¡Lo mejor para los granitos!
  • Manzanilla, que hará un poco de calmante
  • Recipientes de madera (muy importante! porque la arcilla pierde sus propiedades en contacto con el plástico o el metal) Yo uso un mortero que me compré exclusivamente para este tipo de mascarillas, porque era pequeñín.
  • Una brocha para maquillaje fluido (yo uso esta ya solo para mascarillas, porque personalmente no me gusta maquillarme con este tipo de brochas, soy más de esponjita o de aplicarlo con el dedo)
  • Una esponjita vegetal (esta en concreto es del mercadona, no os volváis locas)
  • (Opcional) Aceite de árbol de té. Disponible en The Body Shop (por 8€ un botecito chiquitín) o en herbolarios.

¡Vamos allá!

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Pasos:

  1. Hacemos una infusión concentrada (con poquita agua, vaya) de manzanilla y tomillo. Dejamos que se enfríe un poco, hasta que esté templada
  2. En un recipiente de madera echamos una cucharadita de arcilla verde por una cucharadita de infusión. Más o menos esa es la proporción, pero aquí entra vuestro gusto, si os gusta más espesa o más líquida. En la foto 3 podéis ver (creo jaja) más o menos cómo debería quedar. No hace falta que hagáis mucha, porque da mucho de sí y si no os va a sobrar un montón, ya veréis. Este es el momento en el que, si queremos, podemos añadir dos gotitas de aceite de árbol de té (que lo hará más eficaz contra los granitos)
  3. Rápidamente (se enfría enseguida!) aplicamos con nuestra brochita la mascarilla en la piel limpia y seca, evitando como siempre el contorno de los ojos, más o menos como estoy en la foto 4. Já! Qué vergüenza que mi primera foto en el blog sea con estas pintas, pero oye, ¡encantada de presentarme y conoceros! =)
  4. Lo dejamos actuar hasta que se seque. Unos diez minutos, más o menos. No merece la pena que lo dejéis más porque una vez que se seca, la arcilla deja de tener sus propiedades.
  5. Mojamos la esponjita en agua tibia y vamos retirando la mascarilla de nuestra piel.
  6. Una vez está limpia, recomiendo que nos apliquemos una crema hidratante (oil-free, ya que tenemos la piel grasa) porque la mascarilla en el fondo es un poco fuerte para la piel, y conviene hidratarla.

¡Fin! Espero que la probéis y que os guste. Yo, desde luego, no la cambio por nada.

Besitos,

J.

¡Septiembre!

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Nadie quiere que llegue septiembre. ¡Lo sé! Pues, a riesgo de convertirme en un ser tremendamente impopular, voy a decir que yo lo espero con muchísimas ganas! Os cuento por qué, que seguro que algún motivo lo compartís conmigo.

1. Vuelven toooooooodas las series que tanto me encantan y que tanto he echado de menos este veranito. Es una crueldad, ¿verdad? que nos las quiten justo cuando más tiempo libre tenemos 😛

2. Yo, como buena becaria, trabajo en verano, por lo que septiembre va a ser mi mesecito de vacaciones. Podré levantarme sin despertador, ordenar la casa, pasear tranquila… no hay dinero en el mundo que pague eso.

3. Además, durante una semana… me voy a la playa! :3 mar, arenita, una caña en el chiringuito y paseos romanticotes por la orilla.

4. ¡Llega la agenda de mr.Wonderful y un montón de novedades chulísimas! Y en general, todas las tiendas, blogs y gente creativa vuelve a las andadas trayéndonos cosas súper originales después de las vacaciones.

5. Es etapa de proyectos. ¿Apuntarse a un gimnasio? ¿Empezar a correr? ¿Hacer un curso de algo? Septiembre es el mes perfecto para plantearse esas cosas y organizar los meses que vienen. Más yo, que en octubre empiezo una nueva etapa de mi vida, como estudiante de un master. ¿Y después? Ni pajolera idea. Y la incertidumbre es algo que, a veces, sienta tan, tan bien… sobre todo si aprendemos a tomárnoslo con ilusión en vez de estresarnos tratando de tenerlo todo controlado.

6. Por fin los madrileños podremos dormir por las noches sin aire acondicionado, y las 4 de la tarde dejarán poco a poco de ser un suplicio de calor. ¡Falta nos hacía!

7. Me encantan los conjuntos otoñales. Las chaquetas y cazadoras le dan un punto súper bonito a nuestros vestidos de verano, y siempre hace ilusión revisar el armario en busca de nuevos looks 😉

¡Seguro que a vosotras se os ocurren más motivos! ¿O voy a ser la única que afronta septiembre con una sonrisota?

J.